Camillas de masaje para disfrutar

El estrés es la enfermedad del siglo XXI. Según los especialistas, se trata de una enfermedad que padece gran parte de la población adulta en el mundo entero. Desde la publicación de Estrés. Un estudio sobre la ansiedad en 1950, el médico austrohúngaro Hans Selye sentó las bases para determinar un padecimiento que hace sufrir a millones de personas anualmente. En un principio el galeno detectó que el síndrome de estar enfermo, como él lo llamó en sus inicios, estaba fuertemente relacionado con el cansancio, la inapetencia, la subida o bajada del peso corporal (indistintamente en dependencia del paciente), entre otros muchos síntomas. Es por ello que muchos pacientes recomiendan tomar medidas drásticas contra el estrés, antes de que se vuelva crónico. En primer lugar les recomiendo que se asistan a un negocio profesional donde existan camillas de masaje con profesionales dispuestos a movernos todos los músculos y colocar todas las vértebras en su sitio.

Los elementos que nos pueden llevar a una situación desencadenante son muchos. Por ejemplo, podemos mencionar la desigualdad salarial que viven los obreros en muchos países. Esto es un problema que termina afectando a toda la familia porque los aleja cada día más de la brecha del desarrollo, convirtiéndose en eternos desplazados o marginados sociales.

Por otro lado, las homeostasis o equilibrio nuestro organismo también se pierde cuando sufrimos una pérdida importante, tal como la pareja de muchos años o nuestros padres. Este tipo de pérdidas suele desencadenar episodios de estrés que deben ser tratados con métodos tradicionales en primer lugar. Estoy hablando de masajes, de acupuntura, de semillas para estimular los puntos vitales, las gotas florales… se trata de encontrar lo que mejor nos convenga, en la medida de nuestras necesidades como paciente.

Según los especialistas, las adicciones a sustancias psicotrópicas también contribuyen a la aparición de brotes de estrés. El alcoholismo es uno de los elementos más comunes en las sociedades modernas, así como el consumo de estupefacientes como cocaína, LSD, achís, crack, heroína… entre otras que salen cada día al mercado de la calle. Si bien estas sustancias proporcionan placer y hasta euforia en el momento del consumo, luego dejan una sensación de vacío que hace reincidir una vez más al consumidor. Esa espiral de dependencia estresa al paciente y a sus familiares. Es un arma de doble filo.

Igualmente, puede desencadenar un estrés muy fuerte la aparición de alguna enfermedad. Si nos enteramos de que tenemos sida, cáncer, tuberculosis o Alzheimer, seguramente nos deprimiremos y pensaremos que es el fin de nuestra vida. Lo mejor es buscar ayuda especializada.

 

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