Pensar de la mejor forma posible

¿Cómo se dice: BELARÚS, BELARRÚS o BIELARRÚS?, pregunta el colega de trabajo Gonzalo Darín, acerca del nombre de la República de Bielorrusia, pues –como afirma él- en los medios audiovisuales suele pronunciarse de distinto modo el nombre de ese país que, en su lengua materna, significa “Rusia Blanca”.

La Fundación del Español Urgente aclara que el nombre romanizado de esa antigua república soviética es BELARÚS, con una erre simple. También advierte que el nombre de la ciudad ucraniana que se hizo lamentablemente célebre por una explosión en su central nuclear, es palabra llana y debe decirse chernóbil, y no dar pronunciación aguda a ese nombre, como hacen algunos. La ciudad de Chernóbil vuelve a ser noticia, tras el anuncio de que esa localidad, cuya planta nuclear fue sepultada bajo una bóveda de concreto, es nuevamente habitable.

En cierto programa infantil, uno de los personajes, al referirse a una obra de arte, la calificaba como magnánima, aunque seguramente quería decir magnífica, grandiosa, excelente, extraordinaria, magistral.

El adjetivo magnánima es un vocablo compuesto por yuxtaposición, formado por las palabras magna y  ánima, que significan “de alma grande”. Ese término se relaciona con el sustantivo magnanimidad, cuyo sentido es: grandeza de ánimo o de alma, generosidad, nobleza.

Son sinónimos de magnánimo los vocablos noble y  generoso, atributos referidos sobre todo a las personas y no a las cosas.

 

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